Uruguay: El sueño del ciudadano seguro

El sueño del ciudadano seguro
Por: Darío Valle Risoto

Unos días trágicos le han pasado a este pequeño país en lo que respecta al crimen y la muerte: en primer lugar tres menores matan a un obrero de una compañía del gas, uno de ellos de tan solo once años, después tan solo a un par de días se sucede un tiroteo en una oficina de correos donde mueren un policía y uno de los asaltantes, menores también dos de los integrantes de esta banda mejor armada que la propia policía con chalecos antibalas incluidos.
Era de esperarse una catarata de mails, llamadas y mensajes de oyentes preocupados a cuanto programa radial o de televisión que se preste a esta forma dudosa de multiplicar las opiniones mayormente anónimas de personas que transcriben su estado de ánimo sin mucha reflexión previa. Es comprensible más poco ayuda a solucionar este problema endémico de la creciente violencia en este país.
 
Una violencia que solo puede solucionarse por la vía de la educación y de una sociedad lo menos desigual posible en el tema económico pero ya sabemos lo que tenemos frente a nuestros ojos con un sistema educativo paupérrimo y una sociedad que apunta al consumo desenfrenado de todas las porquerías posibles desde los teléfonos móviles hasta las tele religiones.
Ya estamos en una ciudad de pequeños grupos estancos de hombres y mujeres anónimos sin contenido ni más futuro que vivir conectados a redes sociales que paradójicamente destruyen todo atisbo de interconexión real entre semejantes y solo maximizan una creciente estupidez basada en frases bonitas, grupos ecologistas y convocatorias a marchas estériles.
Pero si vamos a una visión macro de este país solo nos basta analizar las cárceles para saber lo que estamos construyendo día por día, minuto a minuto. Junto al comprensivo odio y frustración por estos menores asesinos también deberíamos sentir mucha pena por esas vidas de mierda nacidas para vivir muertos en vida y lamentablemente producir la muerte por medio de sus armas. Los que para nosotros son criminales para esos grupos marginales son héroes que demuestran su valor y arrojo contra el sistema.
Aumentar las penas parece ser la consigna y es casi gracioso si no fuera tan terrible el que la gente crea que metiendo por más años en la cárcel se soluciona algo, la criminalidad se reproduce y ya tenemos ladrones y asesinos cada vez más chicos y en mayor numero. A grandes rasgos hay dos formas de solucionar esto: La primera es educar para que dentro de dos o tres generaciones esto cambie y la otra es la solución fascista de meter el ejército en las calles, aplicar la pena de muerte, el toque de queda y toda esa mierda para que las viejos pedorros anden seguros por las calles del Uruguay. Parece que el terrorismo de Estado es bienvenido en algunos casos, a mí, la verdad no me lo parece.
El Uruguay de las puertas abiertas murió para siempre, ahora tenemos el de las casas enrejadas, la gente temerosa y la necesidad de un estado policial que nos cuide de aquellos que no tienen lo mismo que nosotros porque quizás no les gusta trabajar. Facilismo que se opone al estado asistencialista y la gente asombrosamente prefiere gastar miles de dólares para pagar “seguridad” antes que darle una canasta familiar a los más desposeídos.  Mal visto es quién vive de la ayuda social porque “No le gusta trabajar” dicen las viejas chotas, pero nunca escuché a un ciudadano preguntarse porque pagamos millones de pesos bancando un ejército que realmente no necesitamos.
Y no me digan que hay que poner soldados en las calles, acaso: ¿No tienen memoria?