Las Mujeres de Milo Manara

Las diez mil mujeres de Milo Manara
Publicado por Josep Lapidario   

“El sexo es un componente determinante de la cultura. Cuando vives plenamente tu sexualidad, rompes con el embrutecimiento social”.
Milo Manara

Es fácil pensar en Maurilio “Milo” Manara como el reflejo en ilustración de Helmut Newton en fotografía: ambos son los mejores retratistas del ideal de belleza femenino.

Pero eso sí: mientras que Newton necesita contratar a modelos profesionales, Manara puede invocar mujeres perfectas con unos simples trazos sobre el papel. En este precioso vídeo podemos ver a Manara en acción, dibujando distraído y de forma increíblemente natural y orgánica una de sus hermosísimas mujeres sin marcar previamente proporciones o estructuras de apoyo, simplemente plasmando la imagen femenina que aparece en su imaginación. Y aunque mis gustos personales en cómic erótico vayan por otros derroteros (Saudelli, Pichard, Von Gotha o Crepax), reconozco admirado la influencia del maestro Manara en el imaginario erótico occidental. En los años setenta las mujeres de Manara, con su sexualidad activa e irreverentemente cachonda, se convirtieron en la imagen idealizada de la mujer moderna en la era de la liberación sexual y la ruptura entre el “vicio privado” y la virtud pública.

Manara creó un estilo de dibujo muy particular (y muy imitable, por suerte o por desgracia) mezclando su propio trazo limpio y claro con la sensualidad barroca de Crepax, la imaginación inagotable del muy llorado Moebius y el espíritu aventurero de Hugo Pratt. En el mundo de Manara los personajes masculinos tienen rasgos muy marcados: prestados de actores famosos (Alain Delon, James Dean) o bien feos de solemnidad a pesar de lo mucho que follan (cortocircuito mental: ¡como el greñudo de The Joy of Sex!). En cambio, hay que esforzarse para encontrar mujeres feas en el imaginario de Manara: sus mujeres serían realistas en el mismo mundo idealizado y burgués en que las mujeres de Newton serían realistas. Dice Manara: “para mí son personajes sacados de la Commedia dell’Arte, por eso sus rasgos aparecen siempre exagerados”.

Manara ha dibujado centenares, miles de cuerpos femeninos a lo largo de su carrera, pero en el fondo las diez mil mujeres de Manara son una sola hembra imponente repetida sin cesar: morena o pelirroja, con pelo rizado o larga melena, pero siempre con mirada pícara e intensa, húmedos labios, pechos bien formados (no antinaturalmente grandes como suele ocurrir en la historieta erótica), piernas inacabables y, sobre todo, los mejores culos femeninos de la historia de la ilustración. Mi conspiranoica pareja me sugirió que ese retrato de la mujer manariana no se correspondía sólo con un ideal femenino genérico, sino también con una mujer real, un inaccesible amor platónico, una paciente cero que en algún momento contagió a Manara una visión de la femineidad que idealizaría y reflejaría una y mil veces en todas y cada una de sus obras bajo diferentes disfraces.

Es difícil confirmar esta teoría, ya que Manara protege celosamente su intimidad y su historia personal. Pero soñar es gratis: ¿quién será esa Eva que se convirtió en el pecado original de Manara? ¿Una maestra de su adolescencia, una prima, una vecina, un amor prohibido? Es posible… Pero también podría ser Jane Fonda.

                                     
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