La Marca de Caín 2

La Marca de Caín 2: Extraños en tierras extrañas
Por: Darío Valle Risoto

Nadie te paga un salario por ser diferente de la masa, no hay premios y a lo sumo alguno podrá conquistar una breve gloria si descubre o fabrica algo importante o notorio para el resto de la humanidad pero a lo largo de su vida nunca se desprenderá de la etiqueta de: “Bicho Raro”.

La sociedad ejerce una fuerte presión homogenizadora sobre nosotros desde niños, desde nuestros padres y luego los primeros colegios nos empujan a seguir la fila, obedecer, ser “normales” que para un servidor es lo mismo que decir: “Un completo robot social”.

Nadie nos paga un salario, al contrario, quién por alguna razón vive con un pie fuera de lo que se considera habitual o tradicional para la gente, tiene más problemas que cosas buenas a las que enfrentarse. Con problemas me refiero por ejemplo a la absoluta imposibilidad de integrarse absolutamente a cualquier evento social, grupo o comunidad sin notar que algo no está bien, en síntesis: Nos sentimos extranjeros.

Vivir con un pie afuera es lo más que se nos permite ya que ir más allá significa ser un absoluto disgregado de una sociedad que nos guste o no la mayoría aceptamos para seguir sobreviviendo aunque la diferencia sustancial radica quizás en esa búsqueda constante de escapes más o menos originales.

Y si bien esos escapes desde luego que forman parte de esta gran cadena de producción de bienes y servicios de esta sociedad capitalista global, nosotros sabemos hacerle “cintura” a esos cánones que dictan que tales objetos deben pertenecer a cierto tipo de personas, a determinada edad, determinado sexo, etc.

Hemos llegado a tal punto en esta nefasta sociedad de consumo que hasta aquello que creemos sirve para luchar contra el status quo ha sido fabricado por ella, como remeras del Che Guevara marca Benetton o tener unos Levis para ir al comité de base socialista.

No hay pues contradicción en la contradicción ya que somos seres humanos y bienvenidos sean esos procesos en que nos pararnos en el camino para preguntarnos: ¿Quién cuernos soy?
Soy un anarquista, metalero, heterosexual, ateo militante que toma coca cola y de vez en cuando va a MC Donals que consume superhéroes yanquis a rolete y encima prefiere un amigo nacido en Nueva York que uno de centro América. Si y además trata de luchar contra la sociedad de consumo pero consume aunque navegando entre la resignación y los sentimientos de culpa.

El primer juez es uno mismo y entonces solo a veces encontramos que no somos tan raros y solamente jugamos a escaparle a la rutina de una vida donde la gente es más igual entre ella que nosotros y por lo tanto hay cierta satisfacción entre luminosa y tonta en vernos algo diferentes con nuestros pequeños universos particulares para sobrellevar la terrible levedad del ser.