16 Screaming for the Vengeance: Judas Priest

16 Screaming for the Vengeance
Judas Priest
Por: Darío Valle Risoto

Si Black Sabbath inventó el Heavy Metal definitivamente será Judas Priest quien lo entronice definitivamente como el estilo inmortal que es, fue y será para aquellos que realmente vivimos persiguiendo la fasceta más dura del Rock.
 
No recuerdo cuando llegó este cassette a mis manos pero estoy seguro que junto a Defensores de la fe y Turbo conforman mi trilogía preferida de la discografía sin igual de una banda que plantó en el estilo del metal la estética motoquera y por que no gay de cueros y tachas del Londres de los setenta.
 
Si mi primer disco de metal fue: Acto de locura de Maiden, estos vinieron pegaditos a Sabbath y muchos otros pero nunca dejará de ponerme la carne de Chiken escuchar a Halford y por sobre todas las cosas a las mejores guitarras gemelas de la historia del rock. Tipton y Downing deben ir al baño a la misma hora y a estas alturas deben compartir un solo cerebro poblado de leyendas metálicas y dioses que truenan martillos en el Valhalla.
 
Soy metalero desde hace nada menos que treinta años y sigo sintiendo el mismo hervor en la sangre cuando pongo “Screaming” y casi se me pianta un lagrimón con: “Electric Eye” o “You’ve Got Another Thing Comin” pero todo el disco tiene la frescura de haber sido grabado como ayer de tarde y la fuerza de agradecerle a la vida haber nacido dentro de la era donde se creo el mejor estilo de música de todos los tiempos.

 

Los enfermos de importancia

Los Enfermos de importancia
Por: Darío Valle Risoto
Todos nosotros en algún rincón de nuestras vidas nos hemos topado con personas que permanentemente quieren demostrarle al mundo lo importantes que son y no solo me refiero a millonarios, jefes o estadistas, etc. sino a tipos simples, trabajadores que quieren hacernos creer que destacan en sus vidas a base de una constante campaña de autobombo.
“Autobombo” le decimos vulgarmente en el Río de la Plata al hecho de hacerse fama a si mismo y claro que no todos están en situación de conocer realmente que se oculta detrás de estos especímenes que pretenden ser importantes hasta en las cosas más absurdas.
En los ámbitos de trabajo son aquellos que tratan de escalar salamereando a sus superiores y/o también destacando por puntualidad, producción y hasta apariencia.
No digo que no debamos hacer lo mejor posible en nuestras tareas tanto de trabajo como cotidianas sino que es especialmente molesto que idiotas competitivos nos estén acosando con la triste idea de que son mejores que nosotros y deberíamos admirarlos.
Todo lo contrario.
Cierta vez un supervisor me dijo que daba su mejor esfuerzo para ser un ejemplo para todos nosotros y yo le dije que si me pareciera solo un 1% a él me suicidaría inmediatamente.
El tipo no entendió nada.
¿Cómo se fabrica un ganador?
Sociedades competitivas son no solo las capitalistas, esto también existe en los países socialistas y comunistas por lo tanto hay y parece que siempre habrá, gente muy pobre de espíritu que existe quemando sus vidas para darnos una imagen de ideales realmente tristes.
Enfermos de importancia desde los gobiernos hasta los que llegaron a reciclar basura dos minutos antes que los demás, pululantes insectos que viven de la codicia de ser importantes justo en aquellos compartimientos que para algunos no significan nada.
Aquel tipo trabajaba diez y seis horas al día, tenía auto, casa en la costa de oro, moto y todos los chiches en electro domésticos, cada dos años cambiaba algo en su casa: el baño, pintaba o compraba muebles nuevos. Todo un triunfador que me hablaba largas horas de lo que tenía y de lo que iba a tener. Entre bostezo y bostezo yo pensaba en lo triste de este pobre esclavo que llegaba a la casa a dormir y dejarles dinero a esposa e hijos que casi no conoce.
Se iba de vacaciones a Cancún, Florianópolis o cualquier balneario de moda, traía fotos, videos y recuerdos todos iguales, estructuraditos, fotos de su mujer gorda y de risa falsa, de sus tres hijos inflados a hamburguesas que iban a colegios privados pero apenas sabían hablar, el tipo era todo un triunfador.
Un ser humano de mierda realmente.
Por supuesto que no comprendía a un servidor, no comprendía mi austeridad que realmente no es tal pero comparado con él yo vivo como un monje asceta,  tampoco comprendía que trabaje lo justo y lo menos posible para estar en casa, tomar mate, acariciar a mi gata y ver películas, que no ponga árbol de navidad cerca de diciembre, que no crea en la patria y mucho menos en dios, que piense que una compañera no debe ser: “Mi mujer” sino: ”Mi compañera”, que ella salga a donde quiera cuando quiera y nunca le pregunte nada, tampoco comprende que yo sienta absoluto desprecio por patrones, jefes y supervisores y hasta discuta con el mecánico de la fábrica que se cree que porque arregla las máquinas de mierda me debe dar órdenes, tampoco entiende que hay una cosa llamada “Plusvalía” que me hace sentir víctima de un sistema que no comparto pero debo aceptar para sobrevivir.
Un enfermo de importancia que poco a poco comiendo conmigo a la hora del descanso comienza a desprenderse de su carcasa y a descubrir que es un pobre tipo que se hizo prisionero de si mismo y de todos los otros tipos como él que lo rodean en una pugna que indefectiblemente terminará en el mismo agujero que yo viendo crecer las flores desde abajo.
Al menos mis gusanos no saldrán a vomitar.
Fin

Confucianismo: Su Filosofía

Confucianismo: Filosofía
Por Wikipedia

La esencia de sus enseñanzas se condensa en la buena conducta en la vida, el buen gobierno del Estado (caridad, justicia, y respeto a la jerarquía), el cuidado de la tradición, el estudio y la meditación. Las máximas virtudes son: la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los mayores y antepasados.
 Si el príncipe es virtuoso, los súbditos imitarán su ejemplo: gobernante/súbdito, marido/mujer y padre/hijo. Una sociedad próspera sólo se conseguirá si se mantienen estas relaciones en plena armonía. La base de la doctrina confuciana es recuperar a los antiguos sabios de la cultura china e influir en las costumbres del pueblo.
El maestro Kung fue el primero que reunió a un grupo de discípulos provenientes de distintos principados para formarlos adecuadamente en el buen gobierno. Junto con las medidas a tomar que ya había formulado en su época de joven funcionario, propuso llevar a la práctica sus ideas basándose en el respeto de las Tres Dinastías y recuperar la política del Duque de Tcheu. Confucio confiaba en que un príncipe siguiera sus indicaciones. De este modo, al final de un ciclo de doce meses, se habría logrado algún resultado; en tres años, su proyecto social se habría consumado a la perfección. Podemos resumir la doctrina confuciana en una serie de mandatos que deberían ser los principales deberes de todo hombre de gobierno:
Amar al pueblo, renovarlo moralmente y procurarle los medios necesarios para la vida cotidiana.
Por este motivo, debe servirse en primer término con soberano respeto a Aquel que es el Primer Dominador.
Cultivar la virtud personal y tender sin cesar a la perfección.
En la vida privada como en la pública, observar siempre el sendero superior del «Justo Medio».
Tener en cuenta las dos clases de inclinación propias del hombre: unas proceden de la carne y son peligrosas; las otras pertenecen a la razón y son muy sutiles y fáciles de perder.
Practicar los deberes de las cinco relaciones sociales (explicadas más abajo).
Tener por objeto final la paz universal y la armonía general.
En el poco legado escrito que dejó, las Analectas, una colección de conversaciones con sus discípulos, vemos que basaba toda su filosofía moral en una enseñanza central: el ren (jen), que es la virtud de la humanidad y a su vez está basada en la benevolencia, la lealtad, el respeto y la reciprocidad. Estos valores son imprescindibles en las relaciones humanas, que Confucio describió:
Entre gobernador y ministro.
Entre padre e hijo.
Entre marido y mujer.
Entre hermano mayor y hermano menor.
Entre amigos.

Estas relaciones tienen, además, una característica principal: el superior tiene la obligación de protección y el inferior, de lealtad y respeto. En último término, todas las personas están sujetas a la voluntad del Cielo (tiamchi; t’ien-chih), que es la realidad primera, la fuente máxima de moralidad y de orden. No es el tema de especulación, pero en cierto modo está relacionado mediante el ritual. En algunos textos es sinónimo de Shang-ti, el señor supremo. El Emperador gobernaba por mandato del Cielo.
Según Confucio, además del ren y las relaciones adecuadas, son precisos los rituales y el sacrificio regular. El culto al Cielo requería del Emperador, en tanto que «hijo del Cielo», que realizase un sacrificio animal al año en el templo del Cielo de Pekín. También se ofrecían sacrificios a la tierra, al sol, a la luna y a los antepasados imperiales.
No obstante, todo lo que Confucio quiso llevar a cabo no era nuevo, sino que correspondía, como él mismo confesaba, a lo ya dicho por una larga tradición de sabios. Sus ideas estaban basadas en una herencia espiritual que la escuela de los ru o letrados, y más concretamente el mismo Confucio, habían compilado y sistematizado de forma sublime.
También, se atribuyen a Confucio los «Cinco Clásicos», que aparecieron con posterioridad a la muerte del maestro. Tras ésta, su obra y su vida se convirtieron en objeto de culto y generaron todo un paradigma en torno a sus enseñanzas, las cuales, alcanzan nuestros días.