Yo nostalgio, tu nostalgias: Talleres Barreiro y Ramos

Yo nostalgio, tu nostalgias…
Por: Darío Valle Risoto
La frase del título refiere a un poema del escritor uruguayo Mario Benedetti a razón de una de las riquezas folclóricas de nuestro pequeño país en relación a ese sentimiento que muchas veces nos hace sentir en la memoria la necesidad de volver a un pasado muchas veces idealizado.
Esto viene a que pasados ya varios años del cierre de los talleres gráficos Barreiro y Ramos de gran prestigio en este país y donde supe dejar parte importante de mi juventud enriqueciendo a sus despreciables dueños, vuelvo a encontrarme con viejos compañeros que sienten nostalgia por aquellos tiempos en la imprenta.
A mi me toca ir casi a diario al viejo edificio que hoy es un supermercado de nombre reconocido en este país y la verdad que la gran mayoría de las veces ni me acuerdo que trabajé miles de horas entre esas paredes.
¿Por qué la nostalgia?: Probablemente muchos ex compañeros añoren con absoluta justicia a algunos compañeros y cierta camaradería que teníamos tal ves como respuesta a un régimen cuasi fascista en un enorme taller de más de cien empleados regenteado por varios supervisores a cual más incompetente como ser humano. Solo el encargado de la sección Imprenta era rescatable, yo trabajaba en Encuadernación la sección más grande.
Pero me puse a pensar en la razón de que los recuerdos del pasado se disfracen tanto como para añorar lo que para mí fueron como estar trece años preso soportando situaciones que hoy no demorarían en hacerme dejar cualquier trabajo.
Y entonces reparo en que en forma egoísta y absolutamente personal he tenido la idea de que para los otros también los talleres Barreiro fueron una tortura y caigo en que algunos compañeros mucho menos capacitados técnicamente que yo, tuvieron la suerte de prosperar a puestos con mayor comodidad y mejor sueldo que quién suscribe.
Cualquiera con sentido común creería que la capacidad para el trabajo, la honradez y la facilidad de innovar en un obrero le otorgarían un puesto privilegiado.
Eso en Uruguay nunca pasa.
Y no se si será así en el resto del mundo pero en este país y sobretodas las cosas en esos años en los nostalgiados “Talleres Barreiro” comprendí que prosperan más los alcahuetes y sumisos casi inútiles en sus tareas que los que aprenden a desenvolverse en múltiples funciones con holgura pero en cambio son personas que no se dejan “ningunear” y se sindicalizaron desde el primer momento allá por el año 84 cuando este país volvía a la democracia.
No quiero decir que todos los compañeros que fueron ascendidos rápidamente a categorías superiores y con trabajos más fáciles que yo fueran alcahuetes, con ser discretos y obedecer en silencio alcanzaba. Con cierto humor pienso en que para la empresa siempre fui considerado mucho más revolucionario y “Agitador” que lo que realmente soy.
Cierta vez una visitadora social que era empleada de la empresa nos hizo una encuesta anónima sobre el comedor, yo le di como tres páginas sobre mis puntos de vista y le firmé al pié de las mismas por lo tanto fue a hablar conmigo para saber porque lo había hecho.
__ No tengo porque esconder mis opiniones. __Le dije___ Además esta encuesta no va a cambiar nada y nos van a seguir robando con los precios del comedor y con sus comidas de mala calidad como siempre.
La “Visitadora social” me preguntó: ¿Usted es un agitador? A lo que le respondí que probablemente si le llamaba “Agitador” a tener cerebro, razonar y no aceptarlo todo como un esclavo si lo era sin lugar a dudas. Luego de esto se retiró sin decirme palabra.
El comedor siguió cobrándonos precios de Punta del Este con comidas paupérrimas hasta el fin de sus días.
Unos meses después la visitadora pasó junto a mi máquina y me dijo que yo tenía razón, solo le contesté con una leve sonrisa.
Por lo tanto a más de veinte años que cerraran los prestigiosos talleres Barreiro y Ramos me sigo sorprendiendo pero me obligo a entender porque algunos compañeros añoran esos tiempos y pienso en que ellos tal ves recibieron lo que merecían en forma monetaria mientras yo gracias a ese aprendizaje diario sobre este mundo inmundo me hice anarquista.
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