Los Buceadores del Sueño 2

Los Buceadores del sueño 2
Violadores
Por: Darío Valle Risoto
Ch’ien (Del I Ching)
“Yace oculto el dragón en la alta hierba, apareciendo de súbito. El hombre sabio nunca permanece inactivo. El dragón saltando desde el borde del abismo se lanza al cielo. Se hace saber de la existencia de una manada de dragones sin cabeza”.
__ Su primo la violaba desde los siete años.
__ ¿Cuántos tenía él?
__ Unos catorce o quince.
__ Trata de sostener ese pensamiento, se que no es fácil. __Le dijo a Eduardo que cerró los ojos escondiendo sus pupilas e intentando concentrarse, no era sencillo dentro de un medio acuoso.
Horacio Salvatierra todavía ser resistía a esa parte de la realidad o más fácilmente: Irrealidad, sin embargo había encontrado la forma de disipar los pensamientos negativos, al menos los más discordantes con las exploraciones. Así las llamaba la doctora Miriam Stewart.
Una rajadura del tamaño de un puño se abrió y rodeada de burbujas la luz se transformó en un resplandor bastante inoportuno para los buceadores que trataron de llegar a ella, desde luego que Eduardo ya había abierto los ojos, sus largos cabellos ondeaban mientras braceaba dentro del líquido espeso y púrpura hacia la pequeña ventana.
Reparó Horacio en que su compañero estaba completamente desnudo, sus bolas adornaban un pene en completo descanso, se sintió incómodo por avistar los genitales de su mejor amigo, le inquietaba que fuera un pensamiento homosexual.
Evitó concentrarse en extremidades o pensamientos extraños porque corría el riesgo de cerrar la abertura por una bobada, soñar con Laura los podría volver a destino. La vagina de Laura casi virgen, pletórica de palpitaciones rosadas y un manojo de pelos rojizos cuando no rubios era como una especie de amuleto peludo con aroma a  fragante oriente y…
__ ¿Qué haces pelotudo? ¡Se está cerrando!
__ Discúlpame hermano, me acordé de la vagina de Laura.
Eduardo metió el puño en la ventana antes de que se cierre por completo, ambos empujaron fuerte y por fin diminutos se abrieron paso por nuevas hebras de luz donde la realidad convergía en un barrio Montevideano de los años idos.
__ ¿Nos pueden ver?
__ Solo si lo deseamos pero acordate que estoy en bolas y vos llevas ese piyama de mierda con florcitas.
Horacio se sintió avergonzado y pensó en un par de trajes grises, inmediatamente ambos estaban prolijamente vestidos con zapatos acordes y hasta Eduardo tenía un cigarrillo entre los labios.
__ Déjate de diseñar modas que vinimos por una razón.
Una razón. Sempiterna duda del concierto inoperante de una difusa sensación de presente, cuando el cielo todavía pixelazo muestra un territorio de un pasado absurdo y siniestro al menos en ese infinitesimal rincón de la galaxia donde un pibe de catorce años pretende penetrar analmente a una inocente niña de siete.
Tres rayos de hilados cenicientos y de nuevo la sensación del vómito inminente, Horacio se detuvo apoyando su delgada figura junto a un árbol.
__ ¿Nos pueden ver?
__ No te preocupes, es domingo, hay poca gente en la  calle, creo que es mil novecientos ochenta.
__ Si lo crees: es.
__ Esa es la casa, las abuelas ya deben haber ido a la iglesia y Celeste debe estar con el primo.
__ Hijo de puta.
__ Es otra víctima.
__ ¡Déjate de joder!
No hizo falta entrar, Horacio se adelantó a la velocidad del pensamiento hasta el patio del fondo, un perro ladra, una niña llora, ya sabemos porque llora.
Materializarse cuesta un montón, una cosa es que te vean y otra es que te puedan tocar, oler y lamentar. No le cierra bien el papel de vengador y mucho menos el de Súper héroe, lo que más le incomoda es la imagen de Eduardo que los mira. El primo atacando a una pequeña inocente que…
__ ¡Noooo!  ¡Ahora no!
__ Denle un miligramo de 237 ¡rápido!
Los dos asistentes inyectan al cadáver gris rodeado de elementos de enfriamiento, algo parece moverse dentro de una piel casi metálica y contra todo imprevisto sus puños de uñas negras se cierran con furia, la doctora Stewart controla el sistema que parece a punto de colapsar pero no ha sido la primera vez.
El profesor Madox desde la pantalla ordena que corten esa fase para investigar los datos del viaje, en la habitación continua el cuerpo de Eduardo parece sonreír.
Esa tarde en la cafetería uno de los asistentes le transcribe a la doctora los datos fractales de la traducción esporádica de la silueta térmica y le muestra los dibujos que hizo el ordenador transpolando las imágenes mentales de Horacio Salvatierra.
__ Véalo bien doctora, hay una niña, un muchacho sin cabeza y esta otra silueta es Horacio con un hacha.
__ No podemos asegurarlo, el programa debe haber tenido un error, Horacio fue elegido entre otras cosas por su incapacidad de ser violento.
FIN
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