Lágrimas de Blues (Cuento)

Lágrimas de Blues
Por: Darío Valle Risoto

Corría por sus venas el agua ardiente del Missisipi, sus arterias deberían ser la cuerdas de acero de una Les Paul de luxe y cuando hablaba eran los vientos que refrescaban el aire de los veranos del viejo sur lo que se escuchaba. Nunca se supo como había venido a parar al sur del sur.
Milito lo conoció en el setenta y dos, un vagabundo de piel negra y barba blanca, esquina Montevideana y un pibe de catorce años que vuelve de aprender guitarra con muy mal humor, el buenas tardes acostumbrado y el tipo negro, alto como un gigante que se calienta las manos en el fuego de la pequeña leña.
__ ¿Cómo andás ché guitarrista? ___Acento yanqui y la mirada profunda y acuosa de un viejo hombre triste detuvieron a Milito que no debería hablar con extraños pero no podía ser malo el linyera del barrio Maroñas, muy cerca de la curva que siempre estaba allí solo, tarareando cosas melódicamente extrañas. Como si estuviera loco.
Y sin saberlo pero con la voz de su temerosa madre martilleándole la cabeza, sacó la guitarra acústica para mostrársela a su pedido.
__ ¡Que linda!, ¿Qué sabés tocar?
__ Pocas cosas, hago algunos acordes, una milonga que no me gusta, la guitarra, me obligan a aprender una vez por semana.
Sus uñas sucias recorrieron la silueta femenina del instrumento como aquel amante que sale de la prisión y se reencuentra con su viejo amor en la puerta del destino.
Y entonces se acomodó sobre la vieja silla y en medio del campito abandonado tocó algo que Milito nunca antes había escuchado pero cual flauta de Hammelin lo embriagó para siempre.
__ ¿Qué es eso?, ¿Flamenco?
__ Se le parece, ¿No?, estoy duro, hace mucho, allá en mi país yo tocaba para las putas negras y sus clientes blancos en un Bar cerca de la gasolinera de Smith.
Sus dedos no se movían tanto en el diapasón y sin embargo todo era música, el vaivén de su cabeza, sus ojos cerrados, la cadencia de su pié derecho marcando el ritmo y los ojos del chico que de pronto redescubrió el instrumento que hasta ese preciso instante había odiado con toda el alma.
Le devolvió la guitarra que lejos de ser profanada volvió al estuche de pantasote ya no siendo la misma, ahora era una mujer que había conocido el amor.
__ ¿Me enseña?
__ Me llamo Roger, Roger King, pero aquí me dicen Theo, ¿Tus padres te dejarían?
__ No lo creo, no puedo hablar con extraños.
__ Buena enseñanza pero a veces los amigos comienzan siendo los más extraños. __ Le guiñó un ojo.
Milito pasó toda esa tarde tratando de repetir aquel primer Blues, su madre llamó a su marido para mostrarle que su hijo a diferencia de lo que sucedía habitualmente seguía practicando por horas.
__ ¿Qué toca?
__ ¿Será una milonga?
__ Me parece que es rock.
__ ¿Rock?
Dos días después su padre volvía del trabajo y vio a su hijo en el terreno abandonado, al costado del chaperío y casi debajo de un árbol enfermo., el vagabundo un habitual vecino, le enseñaba a tocar sonriendo mientras Milito miraba con ojos absortos.
__ Buenas tardes.
__ ¡Papá!
__ Señor, su hijo tiene mucho talento, permítame el atrevimiento. ___Se puso de pie, inmenso, casi dos metros de delgada figura negra y alma de Blues.
Horacio Rodrigues sonrió y le devolvió el saludo, acarició la cabeza de su nervioso hijo.
__ Me gustaría que le siga enseñando en casa, vivimos allá en la casa del portón blanco, ¿Los miércoles le parece bien?
__ Yes, Si, gracias.
__ ¿Cuánto cobra?
El hombre agachó la cabeza y le devolvió la guitarra al chico.
__ No señor, yo debería pagar por el honor.
Horacio comprendió, desde ese día y por casi tres años todos los miércoles esperaban a Roger King con el mate caliente y torta o pastel de manzanas, al principio su madre le aceptó con reticencia, luego había que invitarla a salir del living porque se venía otra lección de blues.
Roger King murió en el invierno del ochenta y dos, nunca quiso que le paguen, Milito gravó su primer disco con doce temas de auténtico blues en el año noventa y uno, se llamó “Lágrimas de Blues” y en la tapa solo había un silencioso terreno vacío con un árbol casi seco y una casucha de chapas al fondo.

FIN
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2 thoughts on “Lágrimas de Blues (Cuento)

  1. Muy bien contado, emociona, llega. Tiene la cualidad de dejar clarísimo lo que no está dicho, y eso no es fácil. Un cuento “con mensaje”, donde al leer no sólo se disfruta: también se aprende. Diez puntos.
    Un beso, Eliza

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  2. Gracias Eliza, de pronto había recordado a B.B.King y no se porque pense en esos niños que veíamos antes con sus guitarras a cuestas porque los apdres los mandaban a aprender casi siempre con profesores muy malos que los aburrían a puro sofeo y canciones terribles. Muchas gracias por tu inapreciable comentario.

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