Conocerás al hombre de tus sueños

Conocerás al hombre de tus sueños

o… los amores de la burguesía
Por: Darío Valle Risoto

La última película escrita y dirigida por Woody Allen es una comedia en su estado más puro y no me refiero al término asociado a lo que entendemos por un estilo emparentado con el humor sino a un género que trata de las diversas vivencias cotidianas de una familia en descomposición liderada en este caso por Helena una señora ya anciana que comienza a visitar a una vidente.

Josh Brolin, Anthony Hopkins, Naomi Watts,  Antonio Banderas y otros son un reparto de lujo para una buena historia ¿Quién no actuaría para Allen hasta gratis? Pero con todo el respeto que este gran creador me merece creo que ya ha pasado por sus mejores momentos y si bien siempre nos deleita con diálogos bien logrados y obras cerradas amén de alguna enseñanza de vida, hace algunos años que su cine es demasiado predecible cuando no arcaico para los que esperamos algo nuevo que se sustraiga a los acostumbrados gags “Neoyorquinos” del autor que quizás esté demasiado sumergido en un mundo capitalista y adinerado para advertir que hay una vida después del lujo, las galerías de arte y los escritores frustrados.

El entramado de relaciones cotidianas gira en torno a parejas que cambian, amores nuevos, abandonos y esas porquerías a las que los humanos se acostumbran sobretodo cuando no trabajan, dado el caso de la mayoría de estos personajes que se rascan el tujes la mayor parte del tiempo y por lo tanto no se cansan lo suficiente como para dejar de lado algunas bobadas como el veterano que se casa con la puta o el vividor de su esposa que mira a una vecina a través de su ventana.

Me la vi y hay algunas cosas que me hicieron refleccionar levemente pero desde luego que hay un cine de Woody Allen que se sobrepone a sus últimos diez años por lo menos. El peor enemigo de un gran creador seguramente es un pasado de lustre.

 
La Musa del escritor

Declaración de vida opus 666

Declaración de vida opus 666
Por: Darío Valle Risoto

Se fue mi padre y aquel resplandor del sol entrando por los ventanales del puesto del Mercado Modelo, se fueron los asados arriba de una chapa en el patiecito del conventillo, también aquellos ataques de asma que enloquecían a todos y las revistas de cómics dentro de una caja debajo de la cama.

Se fue mi primera novia y el beso en el Cabildo de Montevideo que me sacudió las neuronas y me puso el corazón en vértigo caliente, se fueron los hombres solidarios y las mujeres tímidas pero simpáticas, también se fueron los momentos de lectura, los libros de papel, salir a la calle a buscar un teléfono público y los principios de izquierda.

Vinieron los hospitales luego las muertes, velorios insospechados y mi madre dejando este mundo que siempre le resultó extraño con la dignidad con la que había vivido sesenta años. Vinieron y se fueron los amigos sindicalistas y roqueros las drogas sociales y mi necesidad de pensar libremente aunque les disguste a todos.

Cayeron deprisa los almanaques suicidándose en horas interminables en trabajos de mierda con supervisores imbéciles y peores compañeros. La discusión contra el dinero y mi inequívoca razón de creer que nunca voy a ser rico y mucho menos siendo honesto. Se levantaron los sueños apoyados en la realidad de lo cotidiano y tranquilo, ya no soporté más buscar el amor y me acostumbré a estar solo pero acompañado por mis superhéroes, mis películas y mi gata negra a la que amo como quién admira a un ser fantástico que no necesita ser comprendido.

Renacieron las sonrisas interiores, los pocos amigos de verdad las razones para no discutir al pedo la mayoría de las veces y la convicción absoluta que de una manera u otra hay esperándome en alguna parte un mundo a mi medida.

Los Retorcidos

Los Retorcidos
Por: Darío Valle Risoto

Tendrá la suerte una trampa
De aves ansiosas de amores
Pero cuando tendré las razones
Para cambiarme la vida
Y recomponerme la estampa.

Habrá que se diga: nostalgia
Pero arrasa el miedo las tripas
Ni mi corazón me lo indica
Ni mi cabeza lo ordena
Pero estoy olvidando penas
Con el dolor que esto implica.

Somos esclavos del amor
Casi títeres, casi humanos
Y nos tratamos de hermanos
Solo por torcida intención.

Pero esa es la absurda razón
Más se quiere lo que cuesta
Las mujeres locas, las maestras
Las recatadas y virginales
Mujeres demasiado insoportables
Alcanza una loca para muestra.

Y yo las prefiero putas,
Degeneradas e impolutas,
Drogadas, alcohólicas y sinceras
Con esa lista en espera
De dejarme tan agotado
De permanecer al costado
De una amiga y compañera
Hasta romperme los huesos
Con ese amor que desenfrena.