Lluvia de Frío (Cuento)

Lluvia de frío
Por: Darío Valle Risoto

Mi madre lo decía: Llueve de frío. Y era cierto, hoy, hace pocas horas salía del trabajo, cuatro y media de la tarde y el frío transformó la tarde en una invasión de gotas frías, heladas, como pequeñas dagas que me pican y congelan el rostro mientras camino rumbo a la calle Propios. Ahora ya no se llama así pero a mí siempre me parecerá la calle Propios.
Es bueno ver el mar, frente a mí, en la misma dirección donde yace el destino del 495 puedo ver una franja de mar gris, también frío mar gris del Río de la Plata. No, no es una contradicción, nunca se supo si es un río o un mar. ¿A quien le importa la diferencia?
El frío, la rutina de volver a casa, el mental repaso de lo que voy a cenar esta noche, pensar en bañarme lo antes posible, calentar o no el baño para ahorrar o no la electricidad de la estufa que come energía como una condenada, comprarle las pastillas a Wendy que anoche estuvo de celo maullando sin parar y no me dejó dormir, un montón de trastos rutinarios de esos que son parte de mi vida. Nada extraordinario.
Un fulgor celeste sobre el horizonte pero luego todo gris, las gotas de frío helado, mi gorra, los auriculares que mecánicamente me arreglo contra las orejas y el saco negro que se perla de las gotas frías que lo van acosando de helados collares de humedad.
Me detengo momentáneamente y elijo en el MP3 lo que voy a seguir escuchando, Los Suaves son una buena compañía pero a veces prefiero tecno-electrónico en el viaje por el centro y luego al norte hacia casa.
Debería sentirme triste pero estoy contento, me llamó Julia, le dieron los documentos en España, ya puede buscar trabajo tranquila sin el temor que la deporten o que la sigan desplazando como ciudadana de segunda clase. Vaya mundo que nos hicimos, estar felices por un rectángulo que nos pone un número y el tipo de persona que somos.
Por otra parte me dijo que su marido la engañó con una tía, les dicen así en España, no es para tanto, la felicito, se sorprende cuando le digo que ahora puede hacer lo propio sin temor a serle infiel, ya está habilitada por su estúpido engaño.
Sé que está triste porque me dijo que quería un hogar, una familia, un marido y desde luego esa sensación de confort con la que todos soñamos, le dije que la familia es como los Reyes Magos, me olvide de remitirle también: Santa Claus, Jesús de Nazaret y Mickey Mouse.
Puras fantasías que nos implantaron para entrar en la matrix social, ese es el juego de mantenernos contentos, ella lo entiende no hay que explicárselo dos veces o mil como al resto de los mortales y eso que está a miles de kilómetros.
Me regaló el honor de decirme que me llama a mí porque ya no tiene a la madre, le digo que ya soy la madre, el padre, su superhéroe pero se me pasó agradecerle porque entre las gotas frías me siento feliz por ella, ya tiene sus documentos y pronto se emancipará de un idiota.
Julia tiene la fuerza de mil reactores atómicos, el se lo pierde, pronto le llegará el triunfo que se merece, no otra cosa.
Me duermo en el ómnibus y entre sueños escribo en mi disco duro mental este relato, se que algunas cosas se me van a pasar, como siempre.