La Media Naranja

La Media Naranja
Por: Darío Valle Risoto

Me resulta bastante curioso en el tema de los afectos, la idea fuertemente arraigada en cuanto a que todos debemos tener una pareja ideal, elegida o apropiada destinada para nuestras vidas.

 
En Uruguay se utiliza mucho el término: “Encontrar tu media naranja” y una compañera de trabajo me decía acertadamente ayer, que ella es la naranja entera y que no necesita completarse con otra persona a lo que yo agregaría que en realidad uno va encontrando compañías durante el camino de la vida que duran lo que tienen que durar y listo.

 
Posiblemente el sentido de que estamos destinados para una u otra cosa, solo sobrevive a la teoría económica en cuanto a que es más seguro que un hijo de adinerados sea rico a que lo sea el de un marginal, pero hasta allí llegamos, la buena o mala fortuna en el amor es una variable plagada de contradicciones. Cuántos de nosotros al recordar parejas pasadas nos preguntamos: ¿Qué le vi a esa persona? O posiblemente también: ¿Por qué estuvimos juntos?

 
La predestinación afectiva no existe pero indudablemente y tomando un razonamiento budista podríamos decir que uno recibe lo que se merece y ninguna pareja permanece junta por casualidad sino por “Causalidad” y salvo relaciones enfermizas de las que lamentablemente abundan, donde se ejerce una fusión parasitaria entre dos seres humanos, nada garantiza que debamos aceptar que es nuestro complemento. ¡Pavada de ensamblaje!

 
El amor eterno funciona lindo en las telenovelas de la tarde en algunas novelas clásicas bien escritas pero en la vida real es solamente un adorno perfumado en el baño donde vamos a dejar nuestras miserables sobras. Ningún ser humano que se crea completo puede andar por allí mendigando amor y mucho menos buscándolo porque esto llega por si mismo.

 
La pareja ideal dura lo que dura otra que no lo es y es hasta donde se puede o aguante la salud, pero es posible creer que hay seres humanos tan sociables que prefieren sacrificar su libertad individual para formar una familia con quién tengan a mano, porque entre otras razones es muy fuerte la coerción social en ese sentido. Hay una edad para casarse y tener hijos, las mujeres lo saben más que nadie y si algunos casos aislados escapan a esta consigna son personas extrañas.

 
Por otra parte el ser humano es un ser de costumbres y se arregla hasta para pasarla mal durante años, no es raro ver a nuestro alrededor parejas que se llevan como el diablo y sin embargo por una cuestión de diferentes imponderables siguen juntos por la vida.
Así que ese sueño adolescente, crédulo y fútil de encontrar a aquella persona que sea como el rayo de luz hermosa, sensual y perfecta se desvanece muchas veces frente a nuestros ojos y afortunados son aquellos que saben compartir su vida con otros seres aceptando que es muy lindo caminar juntos pero no vivir entreverados.

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