Cuando la magia nos retorna (Cuento)

Cuando la magia nos retorna
Por: Darío Valle Risoto

Todos los pibes del barrio en aquel tiempo debutaban en lo de la “Doña Blanca”. Era un kilombo que quedaba por la calle Avellaneda pasando una pequeña plaza de la que nunca recordaba el nombre. Sus primos con unos doce o trece años ya lo habían hecho y cuando pasaban por el frente le hacían bromas al respecto. Horacio apenas si se atrevía a mirar a las putas sentadas en el patio interior del conventillo. Todas eran bastante patéticas, con las tetas blandas y caídas, las pulpas terriblemente exageradas y las bocas sin dientes; alguna se destacaba un poco pero en realidad eran mujeres espantosas.
___¡Dale, entrá garqueta! ___ Le gritaron a dúo aquella tarde como tantas veces y Horacio les dijo que no tenía tiempo, que estaba ocupado, inventó algo y trató de no mirar para adentro pero de reojo les vio las piernas llenas de várices a una tal Pocha que le chifló y se rió a carcajadas.
Ya tenía trece años y no entendía por qué todo el mundo estaba enfrascado en la idea de que tenía que debutar cuanto antes, para colmo su tío también insistía con llevarlo a otros tugurios donde seguramente habría mujeres tan terribles como en lo de la Doña.
Para bien o para mal fue pasando el tiempo y Horacio con diecinueve años aún no había conocido el sexo aunque sí había sufrido un par de novias o “dragonas”, nada importante más allá de un rápido beso medio a escondidas y mucho calor en la entrepierna.
Eran los años setenta y el mundo aún no había caído en la amplia exposición de pornografía, erotismo y ofertas de todo tipo de hoy en día, el gobierno oficiaba de ente regulador de la buena ciudadanía prohibiendo y censurándolo casi todo.
Una tarde acompañó a su madre a la casa de su abuela paterna, no le gustaba esa vieja rezongona que siempre se quejaba de que andaba mal del hígado, que la vesícula y un montón de porquerías, se aburría como un tronco pero en esa ocasión sucedió algo extraño.
La patrona de su abuela tenía un hijo que estudiaba en la facultad, era un pibe de unos veinticinco años o más, se llamaba Jorge y siempre conversaban con Horacio sobre algún tema relacionado con cine o revistas de historietas.
___Subí al altillo que tengo que presentarte a alguien. ___Le dijo asomando su incipiente calva y sus ojos claros, Horacio subió la enclenque escalera de madera hasta el cuarto del muchacho.
Cuando entró al reducido cuarto se encontró con las torneadas piernas y las minifaldas de una chica excepcionalmente hermosa, tenía un rostro perfecto con unos labios realmente delineados como los de las estrellas de cine. ¡Se parecía a Brigitte Bardot!
___Se llama Magella, es una amiga de la facultad, le dije justamente que vos estabas escribiendo y dibujando un cómic de Superman.
___Bueno, solo es una afición, cosas de hijo único. ___Contestó realmente confundido, ella le depositó un beso húmedo en la mejilla, luego volvió a tirarse sobre la alfombra.
Dos o tres horas pasaron rápidamente y Horacio estaba realmente subyugado por la chica, en ningún momento supo si ella era novia de Jorge, amigos, amigovios o amantes, sin embargo era evidente que era alguien especial porque si bien estaban estudiando literatura se daba tiempo para incluirlo en la conversación.
Lamentablemente su madre lo llamó y se tuvo que ir, en aquella época, solo los de cierto poder económico tenían teléfono, la familia de Horacio era muy humilde así que era casi imposible contactarla a menos que ocurra un milagro.
Pero quiso el destino que dos meses después al salir del cine de su barrio se cruzara con aquella chica tan especial que lo reconoció inmediatamente y lo invitó a tomar un helado. Nunca supo como, pero unas horas después hacían el amor en un hotel cercano, todo pasó tan rápidamente que Horacio no pudo pensar claramente por varios días.
Su primera vez fue rara, como un sueño donde toda la experiencia teórica de sus primos se derretía en los ojos verdes de Magella y eclosionaba en sus pechos de pezones diminutos y oscuros.
Eran tiempos difíciles en el país y en su hogar no alcanzaba para comer y mandaron a Horacio a Florida a casa de unos tíos chacareros, por lo tanto con la garganta cerrada por la angustia se hizo a la idea de no verla nunca más.
Terminado el año viajaron de regresó a Montevideo, su madre se había quedado cuidando a una prima enferma en el hospital y el verano prometía lo mismo de siempre.
Horacio fue un par de veces a la facultad, se enteró allí que se habían llevado preso a Jorge en un allanamiento a su casa, su madre le dijo que el pibe andaba en “cosas raras” y que Magella era Comunista.
En 1973 sucedió lo que se temía, se dio un golpe de estado, su padre ocupó el taller de confección de ropa junto a un grupo de compañeros, él y su madre discutían largas horas y Horacio no podía dejar de llorar casi todas las noches porque se había enterado que el paradero de Magella era incierto, a fines de año frente a la imposibilidad de conseguir otro empleo entró al ejército.
Su padre salió de la cárcel en febrero del año 1982, a fines del mismo su madre murió y viajaron juntos a Estocolmo para un tratamiento de apoyo psiquiátrico a su viejo, obviamente Horacio había dejado el ejército.
En 1989 caminando por la Avenida Hornsgatan mientras tomaba mate y los suecos lo miraban curiosos, se cruzó con ella.
___¿Magella?
___¿Horacio?
Todavía viven juntos.

Fin

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