Porcelanas Orientales

Porcelanas Orientales
Por: Darío Valle Risoto

El ébano y el incienso arrastran
mi alma que se desgrana en racimos
de impurezas desencontradas,
Ella es la Geisha que nunca reclama,
el confín del infinito en una isla lejana.
Se deja caer el Kimono y es diáfana
recorro su cuerpo como la nieve
que cae en copos de brillantes lágrimas,
acaricio su piel y nada la iguala,
temo que desaparezca como las hadas.

El ojo de la tormenta acecha en su mirada
mujer amarilla de piel prohibida y blanca,
ojos de almendras, dedos de avellanas,
sexo sobre un papel de arróz que se desarma.
Baile Kabuki, sombra de la madrugada,
silente princesa de un sol en la distancia
heredera del mito, orgasmo de la llama,
beso sus pies que parecen como estatuas
siento en mi corazón habitar las enseñanzas
de un tiempo de oriente, perdido,
y me reencuentro con mis esperanzas.

Y papá llegó tarde a casa (Cuento)

Y Papá llegó tarde a casa
Por: Darío Valle Risoto

Raúl llegó tarde y borracho a casa, su esposa lo esperaba y como era de esperarse se suscitó una tremenda discusión, sus dos hijos escuchaban desde su cuarto con los ojos abiertos como estrellas y brillantes en lágrimas.
___¡Es la última vez que te espero Raúl!
___¡No me molestes!
Zulma tomó unas frazadas del ropero, sabanas, una almohada y empujándolo fuera del cuarto del matrimonio se las tiró encima a su esposo y le cerró la puerta en la cara, el aliento alcohólico permaneció en el aire unos segundos mientras él intentaba llegar a la sala.
___¿Papá?___ Desde la puerta entornada del cuarto de los chicos, recortada por la luz de la luna llena pudo ver la debilucha silueta de su hijo más pequeño sentado en la cama que lo llamaba.
___Duerme que es tarde Luisito, mañana te voy a comprar algo..
Iba a seguir camino a la sala pero la voz lloriqueante de su pequeño de seis años le detuvo los pasos erráticos obligándolo a entrar en el cuarto, parado entre las dos camas observó a sus hijos, Leandro el más grande también tenía el rostro triste, mala cosa para un niño.
___¿Mamá está enojada?, ¿Te vas de casa?, ¿Estás borracho?
Raúl aún sometido a los raptos del alcohol intentó permanecer entero frente a una oleada de auto decepción frente a las dos personas que más quería en el mundo.
Tiempo, necesitaba tiempo para exiliar definitivamente esas malditas copas de Caña y poder abrazarlos sin dejarles los piyamas apestando, así que lentamente desplegó las sábanas y frazadas entre las dos camas en su mismo sentido y apoyó la almohada a los pies de la mesita que las separaba, los niños asomaron sus cabezas para mirarlo.
___¡Que olor a chivo! ___Exclamó Luisito.
___Se me calló algo encima y no me lave, lo siento. ___Se disculpó mal.
___Si claro, se te calló algo… ___Leandro miró acusador, con nueve años era tan sutil como su madre.
Zulma había sentido las voces y salió descalza del cuarto, detenida junto a la puerta escuchaba con un nudo en la garganta a su marido dialogando con los niños.
Raúl les pidió que duerman pero era imposible, eran las tres de la mañana y la luna llena como un inesperado invitado les observaba a través de la ventana abierta, era verano y desde afuera una leve brisa fresca le despertaba los sentidos al hombre tomado.
___Papá: ¿Porqué tomas vino?, Mamá dice que ya no te quiere más.
___Les voy a contar una historia…
El aire y sobretodo sus hijos absortos en la tristeza de un momento familiar no deseado le clavaron tantas agujas en el corazón que Raúl se dedicó el resto de la noche a contarles historias de exploradores espaciales, vaqueros del oeste que atrapan bandidos y alguna que otra mentira sobre su juventud como pirata del caribe; cuando el sol asomó a las seis de la mañana los niños estaban dormidos y él totalmente despejado.
Se levantó del piso y recogió muy despacio la ropa de cama pero cuando dejaba la habitación se topó con su esposa dormida en el piso del pequeño corredor que iba a su alcoba.
Luego de dejar las frazadas y lo demás en el cuarto volvió por ella, la tomó en sus brazos tal como hacía doce años el día en que recién casados la entró a casa; la dejó sobre la cama, ella lo besó en los labios y sus ojos brillaron.
Raúl nunca más tomó una copa de alcohol.

FIN

Maia Castro: no se la pierdan

Una excelente intérprete

Por: Darío Valle Risoto

“Ya no quedan hombres”: Decía una vieja fea como guisado de araña, pero esto se aplica al tango actual en Uruguay, al menos de las carteleras más importantes, mis cogénericos no están en los primeros lugares y una buena banda de mujeres canta tangos con muy buena actitud y felizmente la mayoría con un perfíl propio. La Argentina Mónica Navarro y la ya veterana Laura Canoura encabezan la lista pero ahora irrumpe Maia Castro tal ves dentro del estilo moderno que inaugurara Malena Muyala pero con un estilo personal que ha crecido magníficamente desde su primer disco. Su último trabajo: “Lluvia inerte” tiene una selección ecléctica pero bien buscada de canciones que incluye hasta una versión de un tema de los Redonditos de Ricota y dos de su propia autoría, hoy les dejo una obra que tenía interpretada por Edmundo Rivero y que ella ejecuta con su estilo sin desprestigiar este tanguito irónico si los hay.

Tu perro pequinés
(1948)
Letra: Luis Rubistein
Música: Luis Rubistein

Muriéndome de hambre y frío
te vi pasar, corazón,
con el auto que fue mío
y el tapado de visón.
Tus ojos vieron mis ojos,
pero no vi tu rubor.
Sentí temblar mis despojos…
y tu perro me ladró.

Chofer japonés
con un auto avión a chorro,
y vos apretando el morro
del perrito pequinés;
la vida, tal vez,
se ensañó y a sangre fría
me regala la ironía
de este cuadro hecho al revés.
¡Cómo quisiera tener
para mi frío espantoso
ese abrigo tan sedoso
de tu perro pequinés!

Cuando pasaste a mi lado,
se me apretó el corazón.
Yo con hambre, destrozado,
vos con mi auto y mi visón.
Por vos perdí mi fortuna,
después de tu amor y hoy, ¡Ya ves!,
le estoy ladrando a la luna,
como el perro pequinés.